Ya tengo mi violoncello ¿y ahora qué?

Resulta difícil saber que es lo que hace que queramos aprender a tocar un instrumento. Pasar horas y horas repitiendo un pasaje hasta que finalmente sale; desesperándonos y entristeciéndonos hasta querer lanzar el instrumento por los aires, motivándonos y alegrándonos cuando por fin lo logramos. De antemano no nos planteamos todas estas cosas, es más, pensamos que no es tan difícil. Pero tocar un instrumento es una infinita sucesión de logros y fracasos, una lucha casi imposible. Lo más bonito de esto es saber que siempre, nuestro empeño, perseverancia y por qué no cabezonería nos aseguran el éxito en gran parte de los casos. Como decía Holst: "El fracaso es la parte más importante de la formación de un artista, y uno no puede darse el lujo de prescindir de él."

Pienso que hay un impulso interno más allá de lo racional que nos lleva a querer superarnos a nosotros mismos y aprender a tocar un instrumento es una prueba magnífica de ello. Cuando poco a poco empezamos a dominar un instrumento casi podríamos decir que nuestro cerebro se concentra tanto que entramos en un estado de meditación, nuestra única realidad en esos momentos es la de la melodía, la música que recorre todos los rincones, el hechizo termina y regresamos a la realidad pero en ese lapso estábamos viajando más allá de lo conocido. Solamente por esa sensación merece la pena intentar aprender a tocar un instrumento y por eso pienso que debería ser nuestra obligación el intentar que cualquier persona pueda aprender música y la técnica de un instrumento.  Como decía el inmortal Pablo Casals: "La música, este maravilloso lenguaje universal debería ser fuente de comunicación entre todos los hombres."

La música es algo muy difícil, claro que si, requiere de mucha concentración y responsabilidad a la hora de seguir una rutina diaria; pero más allá de eso la música es difícil por lo abstracta que es, por lo cambiante, por sus infinitas combinaciones, por lo inesperada que es, es algo vivo... El interprete de un instrumento no es más que un intermediario, en definitiva está leyendo unos signos para dar vida a la obra de un autor que hacia resonar una melodía con los instrumentos de su cabeza. Como decía el gran Rostropovich: "A través del arte, nos comunicamos con nuestros antepasados, con nuestros muertos, y transmitimos a los hombres que vendrán el legado de nuestra vida espiritual."

Entre otras cosas por eso tocar un instrumento es difícil, y más a una edad avanzada, pero no creo que haya nada imposible. A la hora de iniciarnos podríamos presentar dos casos, principalmente. El que quiere adentrarse por si solo y el que elige un guía para poder seguir un camino. Siempre he creído que se requieren dos impulsos primarios para querer aprender a tocar un instrumento. Y son absolutamente compatibles.

La plena motivación, la curiosidad, el empeño podrían ser adjetivos que definan a aquellas personas que quieran iniciarse en el arte de un instrumento. Hoy en día hay multitud de videotutoriales en Internet que nos permiten empezar con los conceptos más básicos, y de forma progresiva nos van descubriendo más y más partes técnicas. Hay grandes profesores en la Red dedicados a ello, es siempre una opción viable y que nos debería generar más curiosidad por el instrumento.

Pero pienso que la música requiere siempre de una conversación, en otros términos esta hecha para ser escuchada, para dirigirse a una audiencia o por qué no a una bonita conversación entre un profesor y su alumno y viceversa, de ahí surge el aprendizaje completo, de este incesante círculo. Ya lo decía Barenboim: "La sensibilidad musical es insuficiente si no va combinada con el pensamiento. Es imposible emocionarse con la música sin entenderla, como es imposible ser racional sin emoción"

De ahí los dos impulsos primarios el irracional el querer hacerlo porque sí, porque sentimos que así tiene que ser, es el lado de la pasión, lo que se deja llevar. Y por otro lado el impulso racional dónde descubrimos el camino, la perseverancia, la práctica, la paciencia, la técnica... que resultan inagotables por el impulso de la música que nos adentra en un mundo fascinante y eterno. Como decía la genial Jaqueline Du Pre: "Tocar nos eleva más allá de uno mismo, a un sitio delirante"

Espero que se lancen a tocar cualquier instrumento. Jamás lo lamentarán.

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