El factor confianza
















Por Marisa Cortés


   A lo largo de mi larga etapa de formación musical y artística, he tenido a veces, profesores que me han regalado hermosas experiencias a la vez que dejado conocimientos de valor incalculable; y otras, profesores que me han hecho dudar de mi valía y pasarlo mal en clase.
  Ya todos sabemos que el aprendizaje de la música requiere mucha, mucha paciencia y compromiso, por ser un lenguaje complejo que además involucra un entrenamiento físico de mucha precisión.

  Hace falta paciencia y esfuerzo, pero sobre todo, mucha comprensión. Comprensión por parte del alumno, que sabe que no será fácil tocar correctamente de la noche a la mañana la pieza que le gusta; y por parte del profesor, que entiende que en cada momento, el alumno que se esfuerza está dando lo mejor de sí mismo. En todos los casos en que estamos descubriendo algo nuevo, intentando un camino que no hemos hecho antes, entrenando nuevas habilidades, uno de los factores más importantes es la confianza.

  La confianza es el terreno sin baches donde podemos dar esos pasos poco a poco, probar, retroceder, volver a intentar, sentirnos más fuertes y seguros para poder avanzar.
  
  Un alumno que no confía en sí mismo, difícilmente podrá alcanzar sus objetivos de la manera o en el tiempo en que se lo haya planteado. Un profesor que no confía en sí mismo, difícilmente podrá transmitir una enseñanza profunda y de calidad.

 Por otra parte, un alumno que no confía en su profesor, muy probablemente no aprenderá, y un profesor que no confía en su alumno, más que probablemente, le hará perder el tiempo.

 Aprender o acercarse a algo desconocido, en un ambiente agradable que nos contiene, facilita enormemente el aprendizaje. Explorar sin ser juzgado, tener un espacio para fallar, para acertar, para superar obstáculos externos o internos y para compartir. Para mí, una de las cosas más bonitas que me da la enseñanza, es la posibilidad de compartir ese mágico momento en que el otro se supera a sí mismo.

 Me gusta la idea de que todos los que nos dedicamos a la enseñanza ya sea como actividad profesional principal o secundaria, dejamos nuestras propias frustraciones y conflictos en un costado al entrar en la clase, y abrimos nuestro corazón para compartir con nuestros alumnos lo mejor que tenemos, al tiempo que los alentamos a sacar lo mejor de sí mismos.

Un abrazo, y buena semana para todos!


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